Bienvenidos a Trazos de Letras

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jueves, 12 de febrero de 2009

Intriga subterrránea



Todo transcurrió un frío sábado de invierno, en el que Soledad, por fin, había podido convencer a sus amigos y a Paula, su mejor amiga, de que la acompañaran a investigar la antigua mansión del barrio en donde vivían.
Para Soledad, esto era muy importante, ya que lo anhelaba desde hacía tiempo, y aunque había tenido otras oportunidades, ésta era la mejor de todas porque iría en compañía de las dos personas a la que más quería: Paula y el novio de ésta, Alejandro.
Al llegar al tétrico lugar, se encontraron con el resto de sus amigos, quienes decidieron que lo mejor que podían hacer era separarse en pequeños grupos para recorrer la casa.
Esa fue la única excusa que se le ocurrió a la hipócrita Soledad para poder seguir el trayecto de la visita escoltada solamente por Paula.
-Bueno, no te parecería fantástico ir al sótano?-dijo Soledad con una risa sarcástica.
-Sí, puede ser- dijo Paula con tono de duda. -Vos sabes que a mí me da miedo pero si voy con vos no tengo nada que temer, además nos puede acompañar Ale...
-No! dejalo a él que vaya con sus amigos, sino no tiene gracia-dijo Soledad, dando un vistazo a la casa y tratando de convencerla de que debían ir solas.
Paula le dio la razón a su amiga, caminó hacia la puerta de entrada, la traspasó y se dirigió al sótano.
Al entrar se encontraron con un dormitorio azul y blanco con muebles de madera oscura, que apenas se distinguían con la pálida luz roja del atardecer.
-Está anocheciendo, es mejor que nos apuremos- dijo Paula.
-Sí, si, ya nos vamos, le contestó su amiga. -Pero antes necesitamos buscar una vela, una linterna, algo, por las dudas...
Caminaron lentamente a lo largo de los corredores, dirigiéndose a una oficina para obtener algo con que alumbrar. Rápidamente lo encontraron: una vela de color rojo y en anudada con una cinta violeta, que estaba sobre un escritorio junto a otros objetos que también llamaban la atención.
Paula quiso advertirle a Soledad de esas rarezas pero la vela que había sido encendida solo minutos antes, se apagó de repente y en medio de la espesa oscuridad resonó un estremecedor alarido que se ahogó en las penumbras del sótano.
Al oír los gritos, el resto de la expedición corrió al sótano, donde encontraron a Soledad llorando desesperada, que habían matado a su mejor amiga.
Había sangre en los bordes de las alfombras y una barra de hierro tirada al lado del cuerpo sin vida de Paula...


Pasadas un par de semanas, los detectives trataban de esclarecer el crimen, en el cual había muchos sospechosos aunque todos amigos de la víctima.
La más complicada en el caso era Soledad, ya que si bien había sido muy amiga de Paula, era la única con razones para matarla: había estado enamorada de su novio Alejandro, y le tenía mucha envidia, que disfrazaba detrás de su "amistad".
El hecho fue tal, que luego de pericias y contrapericias, los investigadores la acusaron de ser la principal implicada en el caso. Sin embargo ella repetía hasta el hartazgo su inocencia.
Transcurrido un mes de averiguaciones, se procedió a llevar a cabo el juicio, en el que solo un milagro podía salvar a Soledad de largos y penosos años de cárcel, porque nadie tenía una razón para dudar de que ella fuera la asesina.
Luego de todo el proceso, solo faltaba la opinión del jurado, que casi con seguridad, la declararía culpable.
Pero de pronto apareció un hombre en la sala, que sin dudas era la única persona que podría salvarla: un anciano bajo, con la cara arrugada y deformada, que admitió haber estado en el lugar del hecho.
Comentó todo lo sucedido. Y declaró la inocencia de Soledad, que nada pudo hacer para salvar a su amiga, del golpe letal recibido en la cabeza.
Este hombre era el dueño de la mansión, que vivía desde hacía varios años, en el sótano, luego de que un fatal accidente le destruyera sus facciones. Él pudo ver y escuchar como Alejandro mataba cruelmente a su novia para poder quedarse en poco tiempo con Soledad.
Al terminar de confesar todo lo sucedido, todos quedaron pálidos y como témpanos de hielo, al darse cuenta de que habían acusado a la persona equivocada.
Alejandro, al ver desenmascarado su siniestro plan, trató de huir, cosa que le fue imposible y en consecuencia fue condenado a veinte años de cárcel.

4 comentarios:

el oso dijo...

No todo es lo que parece...
Ahora, ¿Soledad estaba implicada?
Paseo por acá desd el blog de Atenea.
Besote

Galán de Barrio dijo...

It is a strange story!

A little of terror, a little of suspense… and a little of thriller!

I’m sorry for you, querida!

Hahaha!

Fede dijo...

No llego a entenderla, es como un poco raro. Cómo apareció Alejandro en la escena, si se supone que estaba en otro lado con sus amigos.
Si bien todo esto lo había armado Soledad, no entiendo como entra Alejandro en escena. Y el dueño de la mansión fue cómplice hasta último momento. O todos eran cómplices porque nadie notó la ausencia de la Alejandro o nadie lo acusó.
La historia está buenísima, es entretenida y te atrapa. Me parece igual que a nivel de revisión del texto, este en particular con respecto a lo perfectos que son tus textos, no tuvo tanta revisión me da la sensación. Espero comentarios. Besos.

Maria Susana dijo...

Historia atrapante ,donde un asesino encuentra su oportunidad y no puede desaprovecharla.saludos!!!