Bienvenidos a Trazos de Letras

**Bienvenidos a este rincón del Universo creado para la distraer la mente con lo que sea... Con palabras ajenas, con palabras propias, con comentarios al pasar, con quejas detenidas...Que sea éste, un espacio para el intercambio, un lugar de encuentro con amigos, un café donde escuchar la lluvia caer por la ventana o un hombro en donde poder descanzar la aturdida cabeza conflictuada...No se pide nada a cambio, pasen y vean (o lean); la entrada es libre y gratuita...**


sábado, 10 de noviembre de 2012


Pese al atraso, 
en breve, 
vuelvo a trazar 
¡los trazos!


Atenea Kamet

viernes, 7 de enero de 2011

Instantes de Buenos Aires II

"Sobre lectores y lecturas, y desaparecidos"



En esta ocasión, la mención es sobre aquellos viajes urbanos que me veo obligada a realizar debido a la lejanía de mi lugar de trabajo con respecto a mi hogar.
Estos viajes obligados se presentan en un sinfin de personas y no todos logran disfrutar- sí, leyó bien, disfrutar-  del placer del viaje urbano.
En medio de piquetes, horarios fijos, lluvia, frío y calor se presenta el ejercicio inigualable de la pluma atenta a las vicisitudes cotidianas, a esas cosas, que según declaraba el zorro al principito, son invisibles a los ojos. Agregaría yo, a los ojos de los demás...
En este marco de acontecimientos usuales y cotidianos, podemos desplegar nuestra imaginación, nuestro pensamiento, nuestra escritura, como en mi caso, para desalienarnos del sopor, tenor, ardor, del día a día.
Lejos de MP3, MP4, anteojos oscuros y celular enchufado al oído, la percepción se vuelve más clara, más diáfana y nos encontramos con una especie de "semiología urbana", como diría Roland Barthes, que nos hace leer signos todo el tiempo y que solo hay que saber interpretar.
A colación de esto, hoy traigo una nueva de mis instantes de Buenos Aires. Una de lectores y de lecturas; y que refiere a las lecturas de las miradas y a la casi complicidad espontánea que se produce en el diálogo entre dos extraños en el colectivo.
En mi caso en particular, en el 84.
Hace una semana, viajaba apurada en dicho colectivo, absorta en mis preocupaciones literarias, sumida en el tedio que ocasionaba a Brausen, protagonista de La vida breve de Juan Carlos Onetti, la ciudad de Buenos Aires, preocupada por descifrar la representación de la ciudad en esa novela, cuando el hombre que se sentaba a mi lado, me indagó, luego de dejar de leer momentáneamente una noticia en El argentino.
- Disculpame- interrumpió. -¿Qué leés?
-La vida breve, de Onetti- respondí, mientras le mostraba la tapa del libro.
- Ah, sí, sí- me dijo.
Tuve ganas de preguntar por qué me preguntaba pero enseguida agregó: - ¿Qué tenés que hacer? ¿algún estudio? ¿Estás haciendo un análisis de la obra?
-Una monografía- respondí. Iba a agregar más detalles como que no era solamente un trabajo con esa sola novela, etc.... pero de nuevo me vi interesada en satisfacer mi curiosidad por su curiosidad:
-¿La leyó?- Sí, sí. Muy buena- Me dijo, y automáticamente volvió a interrogarme: -¿para qué?, ¿vos estudiás dónde?
-Licenciatura en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras en la UBA - respondí.
-Ah, sí. Aceptó positivamente mi respuesta, como si fuera la llave que habría paso a sus secretos.
- Hay un escritor secuestrado durante la dictadura.... ¿Leíste a Haroldo Conti?
- Muy poco, hace mucho.
-Tenés que leerlo. Te recomiendo que leas "Todos los veranos". Yo lamentablemente no lo pude conocer. No lo llegué a ver. Él estuvo secuestrado en el mismo lugar que yo. Yo caí un mes después, y lamentablemente no lo pude ver, pero me dijeron que en los últimos tiempos estaba irreconocible, que tenía la cara así, desfigurada...
Y después bue...
Un silencio se hizo en él.
Yo no podía creer lo que este Instante de Buenos Aires me estaba deparando. Un encuentro muy especial, un encuentro con un sobreviviente de un centro clandestino de detención durante la última dictadura. Alguien que me había indagado sobre dónde estudiaba, como si eso, hubiese sido lo que posibilitaba el relato.
Yo era y soy de Filo, lugar donde también muchos compañeros y docentes fueron desaparecidos... Eso bastaba para saber que podía contarme.
Tenía tantas preguntas y tanta curiosidad por hablar con él, pero a la vez me paralizaba la idea de saber que él había vivido eso y me lo contaba con la tranquilidad que solo otorga saber que se ha despertado de la pesadilla...
Tenía tantas cosas que quería decirle...
-Bueno, no te entretengo más, me dijo. Pero tenés que leerlo.  Seguí leyendo- me dijo y se volvió a enfrascar en su diario...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Dubitación



¿Qué habría pasado?


La tensión sexual se había mantenido durante años. Eran muy buenos amigos, por elección. Porque no quedaba otra.
Él había estado de novio mientras ella lo admiraba en secreto. Ella se puso de novia, justo semanas antes de que él la llamara para contarle que había roto con la suya para siempre...

 Habían pasado más de cinco años, de aquel beso prohibido, que había quedado solo en eso. En la certeza de que eran más que amigos y a la vez solo amigos.
Entre ellos solo hubo un beso y nada más. La efímera fracción de cinco segundos condensados en sus mentes durante el gotear concomitante de los cinco años transcurridos.


-¿Qué habría pasado?


Una y mil veces se lo preguntaba, coqueteando en sus fantasías, cálidas escenas de amor junto a incursiones furtivas y secretas.


Cierto es que en esos cinco años, tuvo la oportunidad de descubrir qué pasaba al otro lado de su mente. Aquella noche, cuando él finalmente la invitó a tomar algo, "porque sino no vamos a salir nunca". ¿Qué habría pasado? Si entre esa última frase pronunciada por su boca juvenil y el palpitar terriblemente audible del segundero del reloj, no  hubiese mediado el temor y la duda por aceptar la invitación, a sabiendas de que a la mañana siguiente su novio la pasaría a buscar para ir a comer, a sabiendas de que era algo prohibido...
-¿Qué habría pasado? Si olvidando la culpa no hubiese levantando el tubo telefónico para deshacer aquellas palabras, que habían costado cinco años en hacerse verbo...


Aún hoy, se llaman y son amigos. El secreto se conservará entre ellos, como un sueño, como algo nunca dicho, como algo que nunca ocurrió.
Aunque ambos se preguntan aún, ¿qué habría pasado?

lunes, 16 de noviembre de 2009

Premio Trazos de Letras

Bueno, en esta oportunidad quería regalarles a algunos blogs en particular una mención por el cariño, el aporte y el acompañamiento que hacen en el camino de las Letras.
Realmente este año no fue muy productivo en mi caso, no porque no tenga ganas de escribir, sino que no tuve mucho tiempo para sentarme y publicar (muchos de mis textos se me ocurren durante un viaje en cole al trabajo, antes de dormir, etc y por lo tanto no están pasados a compu, por lo tanto, lleva tiempo pasarlos a limpio y subirlos). Por eso habrán visto que no entré mucho y me ausenté (perdón) de visitarlos en sus respectivos blogs. Pero estoy muy ocupada con terminar estas últimas materias para recibirme, finalmente luego de eternos años de cursada en Filosofía y Letras, de Licenciada y profesora en Letras. A esto último se debe mi repentina ausencia.
No obstante, también quería que sepan que muchas veces los espío pero sin dejar los famosos Trazos de Letras que delaten mi visita.
Un fraterno abrazo para todos, Atenea K.

Menciones especiales a los siguientes blog:



Galán de Barrio: Por insistir a que me anime a entrar al mundo virtual de los blogs y deje de pensar que son una paparruchada.
Aliteral: Por estar siempre junto al camino sagrado y profanado de la palabra poética. Todavía sigue en pie nuestra revista no lo olvides! Seguramente el año que viene concrete la idea!
Carla Kapasulina: Por tus comentarios en los que veo franqueza y eso me gusta. Vamos por las críticas sinceras!
Iván Ignacio y Lisandro Kapasulinos: Por realizar aportes con sus comentarios a mi blog y por deleitarnos con sus maravillosas historias.
Revenires de la palabra II: Por tu compromiso con la poesía y con la vida, por acompañarnos en el camino de la sensibilidad humana.
Sonoio: Por dejarme entrar a ese maravilloso Ser Alado, la luna. ¡Cuántas veces me quedo prendida de su plata sin poder dejar de contemplarla!
Matías (Morosofo): Por hacer del mundo un lugar donde aún con penas y olvidos haya esperanza.
Joselop44: Por tu manera de narrar y por tus comentarios que siempre son bienvenidos.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Día de la Raza

América no se llamaba así en 1492. Había sido poblada hacía unos 30.000 años. Los primeros habitantes de este inmenso continente llegaron desde Asia y desde Oceanía en oleadas sucesivas, los primeros desde el norte, los segundos por el sur.

Para 1492 se habían desarrollado formas variadas de organización social. Había sociedades urbanas con grandes y bellas ciudades, como la de los aztecas, en el valle central de México, y la de los incas, en los Andes centrales. La cultura maya, que se había extendido por la península de Yucatán, ya había desaparecido misteriosamente.
Entre los desarrollos culturales de estas grandes civilizaciones podemos citar, los conocimientos científicos de los mayas quienes lograron establecer el calendario solar de 365 días, por mencionar solo un ejemplo.
Los aztecas, por su parte, fundaron la que llegaría a ser la ciudad más grande y poblada del mundo de aquella época: Tenochtitlán. Vivían de la guerra y de los tributos que los pueblos vencidos se veían obligados a pagarles.
Los incas crearon un imperio que llegó a ocupar gran parte de los actuales países de Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Fueron grandes guerreros, agricultores, artesanos y arquitectos que aplicaron a sus ciudades ingeniosos sistemas de riego y defensa.
Como ocurría en Europa por aquel entonces, otros pueblos tenían otro grado de desarrollo vinculado a las condiciones de su región y sus necesidades, y eran cazadores- recolectores .(1)



Pero todo cambió de repente, cuando un grupo de expedicionarios españoles, buscando una ruta hacia la India se topó con las tierras americanas. Este suceso es el motivo por el que hoy estamos aquí reunidos para recordar, y por qué no, para criticar y reflexionar sobre este hecho fundamental que innegablemente cambió nuestra historia para siempre.
Repasar esa fecha nos hace reflexionar sobre un momento bisagra de la historia mundial. A partir del 12 de octubre de 1492, el mundo pasó a ser diferente, tanto para los conquistadores, como para los conquistados. Desde el arribo de Colón a América ya nada volvería a ser como antes.

A distancia podemos discutir varias cuestiones sobre qué significa este día en nuestras vidas y qué sentido debemos darle de ahora en más a este “Día de la raza”. Para empezar entonces, una pregunta obligada debería surgir en nuestras mentes. ¿Qué es esto de la raza?
Hace tiempo que esta conmemoración denominada de esta forma, es cuestionada, ya que la palabra “Raza” se vincula con linaje, pureza de sangre, denota clasificación de grupos que se distinguen, en función de una errónea superioridad de unos sobre otros.
Ahora entonces ¿Es posible recordar el día de la raza? ¿Cuál sería nuestra raza? ¿La de los pueblos colonizados que sembraron con su sangre nuestra América y la de sus ancestros? ¿la de los conquistadores españoles?
Ninguna de ellas se corresponde con nuestra realidad.
Por eso, está en nosotros el repensar la historia desde nuestra propia mirada y recordar esta fecha en toda su dimensión. Hoy a 517 años, es preciso saber que el mal llamado descubrimiento de América, no fue un descubrimiento, no para los pueblos originarios, no para los antiguos habitantes de esta tierra, quienes ya vivían aquí hace miles de años.
Preferible es entonces recordar este día como el día del encuentro de dos culturas diferentes, cada una con sus creencias y su forma de vivir.
Innegable es que la Conquista de América fue sangrienta y que muchísimas vidas se perdieron por no poder aceptar al otro, por no aceptar que la diferencia también puede ser constructiva y valiosa. Pero por otro lado, tampoco podemos negar que nosotros somos hijos de esa mezcla entre esas dos culturas. Somos producto del mestizaje entre los conquistadores, los pueblos originarios y los pueblos africanos que llegaron a América como esclavos.
Recordar la conquista de América, supone entender a ésta en toda su complejidad, en la posibilidad de revisar la historia, de la cual debemos aprender, para no volver a cometer los errores del pasado.
Debemos aprender a convivir en una sociedad plural, en la que todos y cada uno de nosotros sea considerado y respetado, más allá de su origen o su religión. Más allá de su ideología o su color de piel.
Es hora de que aprendamos a valorar al otro y de entender que es a partir de la diferencia que podemos construir una sociedad mejor.
Es hora de que comprendamos que la discriminación y la segregación solo conducen a la desunión y a que otros pueblos nos dominen.
Es por eso, que hoy nos toca a nosotros seguir construyendo la historia.
Es nuestra la responsabilidad de luchar por una América unida y fraterna.
Una América libre y plural donde todas las voces tengan su lugar; donde todos los derechos sean respetados; donde todos los reclamos, sobre todo los de los pueblos originarios que hoy claman porque no les quiten sus tierras, sean escuchados.
Atenea Kamet

(1) Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina, Buenos Aires, 2008, Ed. Norma