
CAPITULO IV
Temprano por la mañana parte hacia Buenos aires en el primer vuelo de Aerolíneas, recorre San Telmo y algo le dice que Aída verdaderamente ha caído enferma... Averigua sobre su paradero... nadie sabe nada de ella en el barrio.
Desesperado por su viejo amor, corre sin dirección en su búsqueda... Vuelve a recordar lugares, olores y la humedad de aquel pasado que nunca hubiese querido volver a recorrer.
Por un momento, como reaccionando, trata de recobrar la cordura y plantearse qué es lo que hace en Buenos Aires, buscando desesperadamente a una vieja puta que frecuentó en su juventud olvidada...
Sabe que del otro lado del mar, una pequeña de trece años y una dulce y bella mujer aguardan su regreso y se siente miserable por estar en aquel inmundo suburbio.
Sin embargo, aquella adicción vuelve a tomarlo por sorpresa y vuelve a envenenarlo del deseo de volver a verla...
Es una locura y lo sabe... Pero volvería una y mil veces a perder la cabeza por ella.
En el último grito desgarrador de dolor acude a La Cantina, donde lamentablemente presiente... sabrán algo de su ser: -no la hemos vuelto a ver desde que contrajo SIDA, ha huido del mundo como una rata y ya no es la que era - advierte el viejo y gordo cantinero baboso que nunca pudo poseerla...
-Esa mina se perdió más de lo que estaba, pero si todavía querés rendir alguna cuenta... Me han dicho que está en el Montes de Oca.
CAPITULO V
Temprano por la mañana parte hacia Buenos aires en el primer vuelo de Aerolíneas, recorre San Telmo y algo le dice que Aída verdaderamente ha caído enferma... Averigua sobre su paradero... nadie sabe nada de ella en el barrio.
Desesperado por su viejo amor, corre sin dirección en su búsqueda... Vuelve a recordar lugares, olores y la humedad de aquel pasado que nunca hubiese querido volver a recorrer.
Por un momento, como reaccionando, trata de recobrar la cordura y plantearse qué es lo que hace en Buenos Aires, buscando desesperadamente a una vieja puta que frecuentó en su juventud olvidada...
Sabe que del otro lado del mar, una pequeña de trece años y una dulce y bella mujer aguardan su regreso y se siente miserable por estar en aquel inmundo suburbio.
Sin embargo, aquella adicción vuelve a tomarlo por sorpresa y vuelve a envenenarlo del deseo de volver a verla...
Es una locura y lo sabe... Pero volvería una y mil veces a perder la cabeza por ella.
En el último grito desgarrador de dolor acude a La Cantina, donde lamentablemente presiente... sabrán algo de su ser: -no la hemos vuelto a ver desde que contrajo SIDA, ha huido del mundo como una rata y ya no es la que era - advierte el viejo y gordo cantinero baboso que nunca pudo poseerla...
-Esa mina se perdió más de lo que estaba, pero si todavía querés rendir alguna cuenta... Me han dicho que está en el Montes de Oca.
CAPITULO V
Ya no es capaz de salir de paseo por el parque... la enfermedad está en su etapa final... Solo espera la llegada de la maldita muerte que se rehusa a salvarla...
Ya no llora, sus ojos secos no son capaz de derramar una sola gota del líquido que tanto acumuló en aquellos años de ciego orgullo.
Ya no reacciona ante la sensibilidad en sus piernas... cansadas de tanta agresión...
Aída ya no vive... Sólo aún respira... Aunque en lo más profundo de su conciencia sabe que bastaría la presencia de él, para que todo mejorara.
Ella ya no quiere vivir, no quiere luchar, su cuerpo ya no quiere sufrir y prefiere esperar impávida la llegada de su hora.
Los médicos ya no saben qué hacer... La depresión en la que ha caído en la última semana la ha deteriorado hasta llevarla al límite que roza con la muerte. No hay cura, ya no es posible hacer nada, piensan los médicos...Aunque las enfermeras creen que él, Mauricio, él sí puede ayudarla...
Ya no llora, sus ojos secos no son capaz de derramar una sola gota del líquido que tanto acumuló en aquellos años de ciego orgullo.
Ya no reacciona ante la sensibilidad en sus piernas... cansadas de tanta agresión...
Aída ya no vive... Sólo aún respira... Aunque en lo más profundo de su conciencia sabe que bastaría la presencia de él, para que todo mejorara.
Ella ya no quiere vivir, no quiere luchar, su cuerpo ya no quiere sufrir y prefiere esperar impávida la llegada de su hora.
Los médicos ya no saben qué hacer... La depresión en la que ha caído en la última semana la ha deteriorado hasta llevarla al límite que roza con la muerte. No hay cura, ya no es posible hacer nada, piensan los médicos...Aunque las enfermeras creen que él, Mauricio, él sí puede ayudarla...